El TDAH es un trastorno hereditario y del neurodesarrollo con una perspectiva de vida: desde la infancia, persistiendo en la edad adulta hasta la vejez, ya sea como un trastorno completo o una remisión parcial con un deterioro psicosocial significativo, una alta tasa de comorbilidad y una morbilidad múltiple. Se asocia con altos niveles de angustia personal y una carga económica sustancial para la sociedad si se deja sin identificar y sin tratar.
Tal y como se afirma en el documento de consenso, la clave para realizar un buen abordaje reside en establecer un correcto diagnóstico mediante una entrevista diagnostica minuciosa con un profesional especializado en dicha problemática. Una vez confirmado el diagnóstico, el tratamiento de adultos con TDAH debería seguir un enfoque multimodal y multidisciplinar que incluya psicoeducación, psicofármacos y terapia cognitivo conductual. A ser posible, es interesante involucrar la pareja, un familiar o amigos próximos en el plan de tratamiento.
El tratamiento farmacológico acostumbra a ser altamente eficaz en la mayoría de los casos. A pesar de que el fármaco de primera elección en niños y adolescentes con TDAH es el metilfenidato, el consenso europeo destaca que, en el caso de los adultos, la mayor eficacia y tolerabilidad la aportan los derivados anfetamínicos, como la lisdexanfetamina.