En el modelo se consideran los disparadores externos o propios de la propia hipersexualidad primaria del afectado y la combinación (o no) de la respuesta para neutralizar elementos estresores o de emociones negativas, y de la impulsividad a la busca simplemente del placer inmediato; asimismo se pueden asociar ingestas de drogas activadoras para potenciar el impulso, si bien no es lo más frecuente.
El afectado recorrerá un camino que puede ser o no inexorable si no cuenta con elementos de control, internos o externos. Un camino marcado por la incapacidad para inhibir la excitación sexual pareja a la conducta compulsiva y con distorsiones de sus pensamientos y fantasías siempre justificadoras que terminarán en la búsqueda obsesiva de elementos (cibersexo, prostitución, inter-relaciones múltiples…) que “consumirá” de forma adictiva y recurrente, desencadenando sentimientos posteriores de culpa, vergüenza, frustración, inutilidad e ineficacia, no siempre “aprovechados” con eficacia por el paciente.
Farré presentó también nuevos instrumentos de evaluación, adaptados por su equipo y estrategias no solamente terapéuticas, sino también de prevención de recaídas.