Una mala salud mental materna durante la etapa perinatal, puede generar consecuencias adversas en la descendencia, a corto y a largo plazo, cada vez más evidenciadas en la literatura científica. A corto plazo, la ansiedad y depresión maternas durante el embarazo se han relacionado con el parto pretérmino, bajo peso al nacer y un funcionamiento neonatal alterado (excitabilidad, hipotonía, falta de autorregulación, etc.)
Tanto la depresión como la ansiedad materna perinatales descompensadas (en el embarazo y en el posparto) se han asociado a:
1. Más problemas emocionales en la descendencia (depresión, ansiedad y déficit de habilidades sociales), contando con estudios longitudinales hasta los 18 años.
2. Más problemas conductuales, en concreto T. de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), T. Oposicionista desafiante y conducta antisocial, con gran evidencia de asociación para la depresión posparto.
3. T. Cognitivos en la descendencia, con mayores dificultades en el lenguaje y el aprendizaje, y que, en el caso de la depresión antenatal, perdurarán a largo plazo.
4. Dificultades en la génesis del vínculo y el apego.
5. Cambios estructurales cerebrales identificados mediante pruebas de neuroimagen (RNM y RNM-funcional), con alteraciones en la sustancia gris y blanca en la descendencia.
Se han descrito cuatro mecanismos involucrados: 1. La modificación de la genética fetal por el medio materno alterado (epigenética), 2. El efecto neurotóxico del cortisol, a partir de una mayor transferencia trasplacentaria, 3. La alteración de la “programación materna” (cambios neurofisiológicos necesarios para el desarrollo de las conductas de crianza), y 4. Una sensibilidad materna inadecuada que alterará el vínculo madre-hijo.
Dada la alta prevalencia de los T. Mentales maternos en la etapa perinatal y sus importantes consecuencias, la recomendación actual es detectarlos de forma sistemática para poder tratarlos a tiempo.