Servicio Psiquiatría y Psicología Hospital Universitario Dexeus
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Crisis de Angustia

Ansiedad

El temor a que vuelva a suceder y a sufrir dichos síntomas (lo que se conoce como el miedo al miedo) es lo que desarrolla un Trastorno de Angustia.

¿Qué las produce?

Las crisis de angustia suelen surgir sin motivo aparente, es decir, no suele encontrarse un motivo que la desencadene, aunque suele haber intrínseca una tensión sostenida producto del estrés, así como una predisposición genética a sufrirlas.

Tienen una base neurobiológica fundamentada  en la desregulación de la serotonina en lugares específicos del cerebro.

 

¿Es peligroso sufrirlas?

Las crisis de angustia son muy comunes (hasta el 7% en los servicio de Atención Primaria) y no son constituyentes de ninguna enfermedad mental grave ni resultan nocivas para la salud (no moriremos por sufrir una o muchas crisis de angustia o no nos volveremos locos debido a ello). No en vano, hay estudios que indican que una de cada diez personas ha sufrido como mínimo una crisis de angustia a lo largo de su vida (solamente en España estaríamos hablando de alrededor de 4 millones de personas). Muchas personas sufren varias crisis de angustia breves que acaban desapareciendo.

 

¿Cómo se tratan?

Las crisis de angustia causan problemas que se mantienen si no se hace un tratamiento adecuado. Puede que por prejuicios asociados a los problemas psicológicos, muchas personas esperan años antes de decidirse a buscar ayuda profesional y algunas de ellas no se deciden nunca a consultar. Sin embargo, un tratamiento adecuado genera muy buenos resultados proporcionando recursos para devolver a la persona que sufre estos síntomas su calidad de vida. Los tratamientos que han demostrado mayor eficacia son los de tipo cognitivo-conductual (exposición interoceptiva –o a los síntomas de angustia- y modificación de los pensamientos y creencias distorsionados. Los psicofármacos que suelen utilizarse, según la gravedad del trastorno o los trastornos asociados, son las benzodiacepinas (o ansiolíticos) y los antidepresivos (sobretodo los ISRS).